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Entre lo independiente y lo mainstream: Las idas y venidas del negocio del cine Hollywoodense en los últimos 50 años

  • Writer: Christian Bayron
    Christian Bayron
  • Jun 8, 2024
  • 15 min read

Por Christian Bayron Miranda Diaz


La década del 70 es el espacio temporal de una serie de sucesos en la industria del cine norteamericano tanto a nivel mainstream como independiente; es en este lapso de tiempo donde nace, literalmente, un grupo de cineastas que desarrollarán sus carreras en los años 90’s y cuyo rasgo en común es que muchos de ellos conservan hasta el día de hoy una rúbrica autoral reconocida tanto por la crítica como por la taquilla; pero también es un tiempo de movimientos en el modelo de negocio, es un tiempo de análisis, de prueba y error y de muchos cambios que obligan a las grandes empresas de Hollywood a adaptarse y a tratar de proyectarse hacia el futuro, esta es la época de formación de las megacorporaciones multimillonarias que mueven la industria cinematográfica con sus propios criterios, todo esto al mismo tiempo que, en el anonimato aun, una nueva generación de cineastas se prepara para tomar la posta.


Los cineastas que nacen por aquella época son hoy en día directores que hacen circular su carrera entre lo independiente y lo mainstream, teniendo a su sello autoral como el pegamento que une esos dos mundos; estamos hablando de Christopher Nolan (Reino Unido / Estados Unidos, 1970), Darren Aronofsky (Estados Unidos, 1969), Nicolas Winding Refn (Dinamarca, 1970), Wes Anderson (Estados Unidos, 1969), Paul Thomas Anderson (Estados Unidos, 1970), Denis Villeneuve (Canadá, 1967), entre otros, que fueron precedidos por un Quentin Tarantino (Estados Unidos, 1963), o un David Fincher (Estados Unidos, 1962), todos ellos inspirados por el cine de Los Movie Brats como Scorsese (1942), Coppola (1939), Lucas (1944) y Spielberg (1946) quienes para mediados de los años 70 ya habían irrumpido en Hollywood para rescatar a los estudios de la banca rota.


El Hollywood clásico que estaba en decadencia era la representación de un cine industrial, una maquinaria especializada en hacer películas en donde primaba el Star System, los actores eran las estrellas principales, pero no es hasta el movimiento de la Nouvelle Vague francesa que autores como Truffaut y Godard van a reconocer la importancia del cine de autor hollywoodense, destacando entre otros la obra de Hitchcock, por ejemplo. Se teorizó sobre el poder del estilo como una forma de hacer pesar la mano del director en las películas. Hacia fines de los años 60’s inicios de los 70’s, un nuevo Hollywood se instaura, pero dura muy poco, es el cine de Polanski (El bebé de Rosemary, 1968), Arthur Pen (Bonnie & Clyde, 1967), Dennis Hopper (Easy Rider, 1969), William Friedkin (Contacto en Francia, 1971; El Exorcista, 1973).


La industria de Hollywood había entendido que si querían que el modelo de negocio siguiera con vida debían hacer las cosas distintas, debían llegar a una nueva audiencia emergente, los jóvenes; por ello empezaron a apostar por un cine más independiente, fuera de los estudios a cargo de cineastas jóvenes con nuevas miradas, con un presupuesto reducido y mucho más contestatarias. American Graffiti (Lucas, 1973) fue una obra de dichas características que no solo logró una buena recepción por parte de la crítica al presentar un relato honesto sobre la juventud, innovó con el hecho de hacer de la nostalgia un objeto de comercialización, desde que American Graffiti estaba ambientada en los 60’s; pero no es hasta el éxito taquillero de Spielberg en 1975 con su cinta Jaws que este resurgimiento hollywoodense se da en todo su esplendor, solo para que un par de años después Star Wars (Lucas, 1977) bata todos los récords de taquilla y consolide a la industria del blockbuster norteamericano tal y como la conocemos hoy. Hollywood había encontrado su modelo de negocio definitivo y George Lucas se volvió millonario.


Se puede apreciar que siempre que surge esa mirada independiente como una opción frente a lo hegemónico, el sistema tiende a tomarlo y a transformarlo para sus propios intereses. Hay que recordar que por esos años de la década del 70’s, según muchos intelectuales, se estaba cocinando lo que sería el modelo económico neoliberal; primero en Chile durante la dictadura de Pinochet, para luego ser replicado en el Reino Unido y Estados Unidos a cargo de Margaret Thatcher y Ronald Reagan respectivamente durante los años 80’s. En esos años es justamente donde comienza una liberalización y desregularización de las políticas económicas que permitirán a las grandes Majors como Walt Disney, Sony y Time Warner afianzarse y generar verdaderos imperios del entretenimiento (Kapur y Wagner, 2011).


Hacia la segunda mitad de la década del 70 dos eventos que marcaron un hito en Hollywood fueron, primero, la creación del Festival de Sundance a cargo de Robert Redford, un ícono de la cinematografía independiente que a modo de respuesta al cine comercial que imperaba en Hollywood en ese tiempo, abrió un espacio único para desarrollar el apoyo a los nuevos talentos del cine, películas de carácter más autoral, artístico, con temáticas mucho más serias y arriesgadas; por otro lado, el surgimiento de Miramax, una modesta empresa distribuidora de películas a cargo de los hermanos Wenstein que gracias a sus dotes para los negocios contribuyeron a la difusión de nuevas películas y directores; muchas de esas películas que terminaron distribuyendo fueron elegidas del rescate que hacía año tras año el Festival de Sundance (Biskind, 2016).


Para fines de los 70’s e inicio de los 80’s, Christopher Nolan es un niño de diez años que va y viene de Londres a Chicago y viceversa, ya ha visto Star Wars antes que sus amigos en Londres cuando estuvo de visita donde su abuela en Ohio y se ha obsesionado con la tecnología usada en el film, poco tiempo después ve por primera vez 2001: Odisea en el Espacio de Stanley Kubrick (1968) y se da cuenta que las películas pueden ser lo que uno quiera (Shone, 2020). Eso tal vez explica la naturaleza de su carrera entre lo mainstream y lo autoral. Al igual que Kubrick, Nolan ha sido capaz de desarrollar una visión propia del cine. Para Nolan el principal factor con el que juega siempre en sus películas es el tiempo.


En el caso de Darren Aronofsky, el sello de su cine es entre otros el de presentar a personajes obsesionados con algo al extremo además de lograr una inmersión total en la psique de sus protagonistas, recurriendo para ello a una cinematografía específica que acompaña al personaje en todo momento, así como el uso de recursos alegóricos para hablar de temas mucho más trascendentes ligados a la religión, la vida y la muerte, la perfección. El cine de Nicolas Winding Refn presenta a personajes condenados por alguna u otra razón y todo esto enmarcado en una demostración brutal de violencia; Denis Villeneuve, por su parte, genera atmósferas densas y llenas de suspenso, personajes complejos que hacen invisible la línea que divide el bien y el mal. Todos comparten el hecho de saber combinar muy bien tanto su voz autoral con las demandas de un cine comercial, pero también, todos ellos alguna vez han pasado por el Festival de Sundance.


Tanto Paul Thomas Anderson, como Wes Anderson, pasando por Nolan y Aronofsy tienen el privilegio de tener libertad creativa en un lugar como Hollywood. Sus películas resultan ser una fiel expresión de su yo artista y además manejan grandes cantidades de dinero y son candidatas a premios internacionales como los Globos de Oro, Los Oscars y La Palma de Oro de Cannes. Nicolas Winfing Refn por ejemplo se da el lujo de rodar sus películas en orden cronológico para lograr una inmersión emocional de sus actores en la historia, Nolan por su parte juega con las estructuras en sus historias exigiendo y retando la capacidad de entendimiento de la audiencia, Denise Villeneuve utiliza planos largos en un blockbuster como Blade Runner 2049 (2017) y sobrepasa la media de duración de una película convencional a pesar de las implicancias en la etapa de distribución y exhibición que eso conlleva. Pero hay más elementos en común.


El primer largometraje de Nolan fue un film en blanco y negro llamado The Following (1998) que costó 6 mil dólares y recaudó 48 mil dólares en el box office; mientas que Aronofsky debutó con su film Pi (1998), filmado en blanco y negro con un presupuesto de 60 mil dólares y una recaudación de 3 millones de dólares aproximadamente. Es aquí donde el negocio del cine nos muestra una radiografía de cómo funciona.


The Following fue distribuida por una de las empresas líderes en el Reino Unido, estamos hablando de Momentum Pictures fundada en 1996 y Pi fue distribuida por Artisan Entertainment, una empresa fundada en 1980 y que finalmente fue comprada por Lionsgate en el 2003. Lionsgate es una empresa canadiense consolidada que viene trabajando desde el año 1997. Durante los años 90’s hay un resurgimiento de estas nuevas productoras cuya misión es distribuir las películas de los nuevos directores que nacieron a principio de los 70’s.


Es un fenómeno bastante interesante de como el sistema se replica y se reinventa de nuevo. A fines de los años 70, un grupo de cineastas reinventaban Hollywood y crearon una edad dorada del cine durante los 80’s en donde también se crean a la par nuevas productoras que ayudaron a distribuir e impulsar a los nuevos directores. Entre esas nuevas empresas que se crean está Amblin de Steven Spielberg, quien tras el éxito de su film Cazadores del Arca Perdida (1981), producido por LucasFilms decide crear su propia productora para producir películas como E.T (1982) Gremlins (1984) y Volver al Futuro (1985) entre otras. La industria del entretenimiento crea así nuevos tipos de sujetos, en este caso empresarios que se dedican a la producción y distribución de cierto tipo de películas que imperan en un determinado momento. En la década de los 80’s los films que imperan son los blockbusters.


Es por ello que The Walt Disney Company decide crear por esos años la Touchstone Films (1984), luego se pasaría a llamar Touchstone Pictures, con el objetivo de diversificar sus contenidos. Era lógico, por esos años la producción de películas aumentó, las películas de terror de serie B fueron moldeadas a la nueva fórmula del Blockbuster y se hicieron más películas de todos los géneros, lo que resintió la taquilla de Disney, sus films eran vistos más para público infantil y familiar. La decisión de Disney de crear esa división de otro tipo de películas respondía a una necesidad de generar ingresos. No podía ser que en la época dorada del Blockbuster Disney no tuviera su tajada del pastel.


Un fenómeno que puede explicar el incremento de empresas distribuidoras es el auge de la tecnología del vhs; las tiendas de video estaban en pleno auge debido a la gran cantidad de películas que salían por esos años. Las empresas distribuidoras empezaron a crear sus propias divisiones, entre ellas el home video representó una de sus principales fuentes de ingresos que para los años 90 ya era una explosión de ingresos bastante alta.


De las Majors principales de Hollywood, Disney es el precursor al crear una división especializada de películas. Pero en los años 90, con el auge de nuevos directores como Quentin Tarantino, David Fincher, Tim Burton, Ridley Scott, James Cameron, las otras compañías cinematográficas se dan cuenta del potencial de crear una subdivisión dentro de su estructura de producción y distribución. Los nuevos directores exigían tácitamente con sus nuevas propuestas la existencia de ramas especializadas que ayuden a vender sus películas. Así, siguiendo los pasos de Lucas y Spielberg cuando hicieron American Graffiti y Jaws, respectivamente, y fundaron sus propias compañías (Industrial Light and Magic, Amblin Entertainment), James Cameron fundó Lightstorm Entertainment en 1990 que se encargaría de la producción de Terminator 2, Titanic y Avatar.


Spielberg, Lucas y Cameron se convierten en productores independientes de la maquinaria de Hollywood, pero siguen haciendo películas en la lógica mainstream del blockbuster. Es Miramax, la empresa de los hermanos Wenstein la empresa que ha capitalizado un cine independiente por más de 10 años. Es el año 1993 y Disney se arriesga e ingresa al mercado del cine independiente, the specialty films, comprando Miramax. Las otras compañías le siguen los pasos y en 1994 se crea Fox Searchlight Pictures, una empresa ligada a 20th-Century Fox y que se encargaba de distribuir películas de corte independiente. Es mediados de los 90’s y Nicolas Winding Refn debe decidir si va a la escuela de cine o utilizar el dinero recaudado en hacer su primer largometraje. Él elije lo segundo y filma su película Pusher (1996), que luego llega a ser una trilogía que lo ayuda a salir de la banca rota.


Irrumpir en el mercado del cine como lo hacen Nolan, Winding Refn o Aronofsky es un emprendimiento en solitario, se convierte en una empresa cuesta arriba frente al sistema hollywoodense, pero es gracias a ese emprendimiento que dan a conocer su trabajo, esto no habría sido posible sin las vitrinas donde exponer sus películas, en este caso el festival de Sundance o los Spirits Awards que son las ventanas predilectas donde se reconocen a los nuevos artistas, ni sin las distribuidoras como Miramax.


Sin embargo, se ha probado que las ramas especializadas de las majors no siempre resultan ser rentables, esto debido a que se les da luz verde a películas con un presupuesto desmesurado o se hace un plan de marketing que sobrepasa el presupuesto. Vender películas artísticas no es un negocio fácil. Casos como el de Paramount Vantage que dejo de operar en el año 2013 debido a que no cumplía con los retornos financieros esperados. Estamos hablando de una empresa distribuidora que lanzó películas como Babel (Alejandro Gonzáles Iñarritu, 2006), No Country for old Men (Ethan y Joel Coen, 2007) y There will be Blood (Paul Thomas Anderson, 2007), que, si bien son un éxito de crítica, no ocurre lo mismo con el box office. De los tres, solo No country for old men de los hermanos Coen tuvo ganancias.


Se está dando una especie de ciclo de ida y vuelta, donde el modelo de negocio va de lo independiente a lo comercial. Así, cuando Disney adquirió Miramax en 1993 por 60 millones de dólares estaba convencida que le ayudaría a extender su audiencia; 17 años después, Disney decide vender Miramax a 660 millones de dólares aduciendo que sus contenidos no eran compatibles con su actual enfoque de hacer películas bajo el nombre de Pixar, Marvel y Disney. Es una venta que incluyó 700 títulos de películas, entre otros proyectos en desarrollo.



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Ilustración 2 Specialty films: Disney es el primero en adquirir una productora especializada con la compra de Miramax. Below the line: Dos directores provenientes del espectro independiente. Christopher Nolan y Darren Aronofsky. Films más caro vs film más austero. Link: https://time.graphics/line/594956


Disney comprendió que la era del blockbuster comercial está de regreso y se va a quedar por un buen tiempo. Con la adquisición de LucasFilms se aseguró la franquicia de Star Wars, que ha sido explotada en los últimos años. Es irónico que los films de George Lucas nacieran de un acto de rebeldía, de ir en contra del sistema del Hollywood de los años 70 y hoy en día sea el botín con el que las grandes compañías tratan de hacer dinero. Este paradigma resulta en una producción de films de nostalgia, reboots, remakes donde los personajes blancos son reemplazados por personajes negros, o los protagonistas hombres son reemplazados por protagonistas mujeres o, incluso, los personajes heteros son reemplazados por personajes LGBTIQ. La innovación se ve limitada a colocar los nuevos moldes de la corrección política del siglo XXI dentro de las películas, ¿será una corriente neomarxista que intenta copar las industrias culturales y del entretenimiento como afirman algunos intelectuales de derecha?


Es entonces que nuevamente el ciclo que aparece como un pedido, un reclamo vuelve a asomar, los cineastas independientes deben venir al rescate nuevamente. Films refrescantes como Joker (Todd Philips, 2019) que batió récord en ser una película de clasificación R que llegó a hacer Mil millones de dólares en recaudación son una prueba de ese grito de la movida independiente, aquel que no repite fórmulas y que reclama un espacio en la pantalla grande, hoy por hoy, atestada de películas de superhéroes que funcionan solo para entretener pero están alejadas de ese cine más consciente como el que reclama Scorsese quien acusa a los blockbuster de ser simple material de parque de diversiones y de haber desplazado al último peldaño el carácter humanista del cine.


En un intento de bajar las tensiones y hacerse de un prestigio, Disney y Marvel apuestan por colocar a cineastas de prestigio en la silla de dirección. Son conocidos los casos de Taika Waititi que vino de hacer un film de 2.3 millones de dólares (Hunt for the Wilderpeople, 2016) a dirigir un film de 180 millones (Thor Ragnarok, 2017) que recaudó un total de 854 millones de dólares convirtiéndola en un éxito de taquilla. Caso muy distinto el de Chloé Zhao que venía de dirigir la multipremiada Nomadland (2020) con un presupuesto de 4 millones de dólares y una recaudación de poco más de 7 millones a dirigir un film de Marvel llamado Eternals (2021) realizado con un presupuesto de 200 millones y una recaudación de apenas 395 millones de dólares. No se puede negar que el efecto Pandemia se hizo sentir en esta película, aunque la crítica especializada tuvo posiciones encontradas.


Se puede decir que ese ir y venir de lo independiente a lo mainstream es una constante que se ve tanto en los directores como en las grandes majors de Hollywood, incluso en los actores quienes también han apostado desde hace unos años a crear sus propias empresas productoras y distribuidoras de películas más independientes sin descartar el lado comercial, como el caso de Will Smith y su productora Overbrook Entertainment o el de Brad Pitt con su productora Plan B Entertainment que ha llevado al cine cintas como Moonlight ganadora del Oscar a mejor película.


Productoras como A24 que han tenido un ascenso meteórico en la industria del cine con películas de terror de autor como The Witch o Hereditary que han catapultado a la fama a directores jóvenes nacidos en los 80’s como Robert Eggers y Ari Aster, así como a otros cineastas de la movida independiente del mumblecore como Greta Gerwig (Lady Bird, 2017) y en general talento del cine arte como Barry Jenkins, Gaspar Noe, Gus Van Sant, Sofia Coppola, Denis Villeneuve.


En el año 2000, Nolan hizo 40 millones de dólares con su film Memento; ese mismo año, Aronofsky estrenó en Cannes su film Requiem for a Dream con una recaudación de 7.4 millones de dólares e hizo despegar su carrera; Nicolas Winding Refn tendría que esperar hasta el 2011 para irrumpir en Hollywood con su film Drive (2011) estrenado en Cannes con el cual hizo 81 millones de dólares en el box office y lo catapultó a la fama. Denis Villeneuve entra a las ligas mayores con su film Prisoners del 2013 con el que recauda 122 millones de dólares, sin embargo, para ese entonces ya era un cineasta del circuito festivalero independente reconocido y con el tiempo le llegarían propuestas para hacer la secuela de Blade Runner, Blade Runner 2049 (259 millones en el box office) y Dune (a la fecha 12 de diciembre con un box office de 389.9 millones de dólares)


En conclusión, la década del 70 en el cine implicó tremendos cambios en el modelo de negocio hollywoodense, la aparición del blockbuster moderno que alimentó las fantasías y sueños de los cineastas que vivieron su infancia entre esos años y hoy nos deleitan con superproducciones que no pierden su sello autoral y que las distingue del resto de blockbusters actuales.


La aparición de esta nueva forma de hacer cine en los 70’s y 80’s obligó a los productores a tantear el terreno y ver las oportunidades de negocio, nuevas empresas surgieron, Majors como Disney vieron por primera vez la necesidad de expandir su audiencia, el surgimiento de los festivales de cine independiente como Sundance, aunado a la creación de distribuidoras como Miramax ayudaron a cimentar las bases de un mercado con mucho potencial, el cine de autor. Dos corrientes fueron desarrollándose a la par hasta que en los años 90’s la necesidad de virar hacia lo independiente con nuevas propuestas hizo que muchas compañías de Hollywood crearan sus ramas de películas especializadas. Sin embargo, el avance de la tecnología de los últimos 20 años y la aparición del mega blockbusters de franquicias como las de Marvel han hecho tambalear a las productoras independientes. Esto a su vez ha incentivado la creatividad de nuevas propuestas de distribución con empresas como A24 o Plan B, muchas de estas respaldadas por actores de gran trayectoria y fama que han puesto nuevamente en la palestra el cine distinto, el cine de autor, que es protagonista de las ultimas galas de los grandes premios del séptimo arte.


En los últimos años se ha probado que manejar una productora de cine de autor no es tarea sencilla, además la pandemia ha acelerado un nuevo giro en el negocio del cine, en donde se pone a prueba la capacidad para financiar más proyectos interesantes, arriesgados, es en este contexto que el auge del streaming con empresas como Netflix y Amazon ha jugado un rol trascendental. Estas nuevas empresas le están dando un mensaje a los cineastas del siglo XXI, que es posible financiar propuestas novedosas y que la pantalla del streaming es una alternativa cada vez más viable y democrática. Las Majors han comenzado a virar hacia este modelo también y seguramente estarán financiando cada vez propuestas más de corte autoral e independiente, porque la naturaleza del streaming como modelo de negocio se los permite. Prueba de ello es el cese de actividades en 2018 de Touchstone Pictures, la emblemática división de películas especializadas creadas por The Walt Disney Company, para enfocar sus estrategias en su servicio de streaming Disney Plus.


A diferencia de los cambios y revoluciones del modelo de negocio de Holywood ocurridos en décadas pasadas que estaban más relacionadas a la sensibilidad de los autores con sus propuestas distintas y arriesgadas en cuanto a temáticas y personajes, esta vez la revolución del modelo es puramente tecnológica, principalmente, este cambio ha producido un abaratamiento de costos, una financiación más rápida y de menor riesgo y sobre todo un cambio en la forma de consumir el cine por parte de la audiencia.


Las ramas de películas especializadas como subdivisiones de las Majors o como alternativa de emprendimiento de arriesgados empresarios y productores encaja en la lógica neoliberal de optimizar los resultados en base a indicadores, desde que con estas divisiones especializadas se pudo por mucho tiempo facilitar la producción, venta y distribución de las películas, crear cierto tipo de historias para cierto tipo de actores, para cierto tipo de directores o productores; estas ramas facilitaron la creación de un tipo de arte destinado a generar prestigio y a lanzar la carrera de talentos que hoy en día gozan de plena libertad creativa y son, en muchos casos, garantía de éxito comercial. Encontrar, producir y distribuir cine arte se volvió una tarea industrial al mismo estilo que preparar comida rápida en un Mcdonald.


Si cineastas como Martin Scorsese ya abrazan esta opción de estrenar en Netflix y vemos que otras estrellas como Leonardo Dicaprio empiezan a protagonizar cintas originales en estas plataformas, ¿Por qué otros cineastas entre los cuales se encuentra Quentin Tarantino o Christopher Nolan rechazan de plano que el cine se reduzca a un estreno vía streaming? ¿Cambiarán de parecer? El modelo de negocio parece ir en esa dirección. El streaming hoy es el rey; por lo pronto, Nicolas Winding Refn dirigió en 2019 un film disfrazado de serie de televisión para Amazon Prime Video que lleva como título “Too Old to Die Young”, un título que a modo de alegoría pareciera referirse a esta amenaza que significa para muchos cineastas jóvenes de que el modelo de negocio del cine tal y como lo conocíamos antes está en peligro de extinción y en el preciso momento en el que para muchos esto recién está empezando.


Referencias


Biskind, P. (2016). Down and Dirty Pictures: Miramax, Sundance and the Rise of Independent Film. Bloomsbury Publishing


Kapur, J. Wagner, K. (2011). Neoliberalism and Global Cinema. Capital, Culture, and Marxist Critique. Routyledge



Shone, T. (2020). The Nolan Variations. The movies, Mysteries, and Marvels of Christopher Nolan. Faber.


Skorin-Kapov, J. (2015). Darren Aronofsky’s Films and the Fragility of Hope. Bloomsbury Publishng USA.



 
 
 

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